El Inti Raymi
El Inti Raimi, la más fastuosa fiesta del imperio de los incas se llevaba a cabo
fines del mes de Junio; es decir, cuando empieza el solsticio de invierno y el
sol se encuentra a mayor distancia de la tierra. Es entonces cuando se inician
las cosechas.
En la víspera a la celebración, se concentraban en la plaza principal del Cusco
los personajes más importantes del imperio, allí estaban los generales, príncipes,
gobernadores y el mismo Emperador Inca, todos finamente ataviados, empuñando sus
escudos y sus cetros.
En la oscuridad, la multitud esperaba con gran respeto y en profundo silencio, la
aparición del dios Sol.
El Inca, los sacerdotes y el pueblo, le rendían homenaje al dios Sol. Le agradecían
por las cosechas y le pedían que vuelva a fecundar la tierra y que continuara
dando bienestar a los hijos del Tahuantinsuyo.
Para ello se encendía el juego sagrado y el Inca Emperador brindaba con el Sol.
Además, se sacrificaba una llama y sus órganos internos eran usados para predecir
el futuro.
Con la llegada de los españoles la festividad fue prohibida por la Iglesia Católica,
y sólo volvió a realizarse a partir de 1942. En la actualidad la fiesta del Inti
Raimi se realiza el 24 de Junio de cada año, coincidiendo con el día del Campesino.
La celebración se realiza en la fortaleza de Sacsayhuaman (Saqsaywaman) y representa
la ceremonia tal y como se habría desarrollado en el Tahuantinsuyu, pero ahora
ante la mirada de miles de turistas.
Los participantes visten plumas, bufandas, máscaras y llevan lanzas. En saltos
rítmicos forman figuras, gritando en alabanza al sol, al ritmo de las flautas y
los tambores. Es un espectáculo grandioso, cargado de energía.
El personaje principal es el Inca, quien es elegido a través de un concurso de
calificación y su aparición es imponente, en una litera cargada por ocho vasallos,
luciendo un traje con los colores del Tahuantinsuyo, brazaletes dorados y un
adorno de plumas sobre la cabeza.
La ceremonia contemporánea repite, en todos sus detalles, el rito de los tiempos
del incario. Una vez que el willac umo ha transmitido la interpretación de los
vaticinios, el Inca ordena la retirada, estallando la algarabía desenfrenada que
ha de durar varios días.
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